WEB OFICIAL DE LA ESCRITORA PILAR SAHAGÚN

¡NOVEDAD!

Al ser humano le cuesta reconocer su grandeza. Prisionero del cuerpo, olvida que es espíritu. Inmerso en la materia, no le es fácil acceder a los estados alterados de conciencia, que los místicos han descrito a lo largo del tiempo pero son más comunes entre nosotros de lo que pensamos. Las historias reales que recoge este libro tienen en común el prodigio. Narran situaciones anómalas, sorprendentes, para las que no encontramos explicación lógica desde los parámetros de nuestro universo racional. Tal vez porque aluden a eso que las religiones han dado en denominar Dios.

ROSAS DE INVIERNO (Extracto del libro "Cuentos para despertar la conciencia")

   Sus padres tenían, además de una magnífica posición, un talante adelantado para su época, lo que permitió a Ángela viajar y ejercer las caridades que su naturaleza compasiva exigía. El coche descapotable que le regalaron al cumplir lamayoría de edad fue como un símbolo de la libertad que disfrutaba.

Casarse ya no entraba en sus planes cuando se enamoró perdidamente de un hombre seductor y bon vivant que, como ella, traspasaba la frontera que el mundo llama juventud.

Al sostener el primer hijo entre sus brazos, supo que había nacido para ser madre y consagró su vida a los cuatro que tuvo. Aunque contaba con ayuda en las tareas de la casa, convirtió la cocina en su laboratorio de alquimia, donde el amor trasmutaba verduras, legumbres, carnes y pescados en el alimento de sus cachorros, que crecieron entre las notas manuscritas que ella les dejaba aquí y allá con un único objetivo: el de que permanecieran unidos pasara lo que pasase.

Nunca dejó de escribir esas máximas que sus hijos encontraban en el frigorífico cuando iban a buscar algo en la cocina, o en el espejo del baño. Se hubiera podido editar un recetario con ellas, pero no de respuestas a problemas cotidianos: a la obsesión de una madre para que se quisieran entre ellos como ella les había querido.

Ellos aceptaban tales enseñanzas convencidos de que Ángela, más madre que esposa, encontraba sentido a la vida al transmitirlas. Creían que su padre, al que apenas veían porque pasaba los días en el club enfrascado en partidas de cartas que se demoraban hasta el amanecer, había delegado en su mujer el timón del hogar. Si bien era cierto que siempre les acompañaba a la finca heredada en las proximidades de Madrid, donde se reunían una caterva de primos a la sombra de los pinos que mecía la brisa de la sierra.

Ángela ya estaba gravemente enferma cuando plantó un rosal que nunca vería florecer. Murió en diciembre, y la nieve cubrió con un manto blanco el cementerio en el que la enterraron. Sus hijos lo abandonaron inmersos en el abisal vacío de su ausencia, pero acompañados de una insólita, extraña paz.

Cuando al día siguiente se refugiaron en la finca, una hermosa rosa blanca había brotado en aquel rosal que nunca antes dio flor alguna. Pero no se asombraron en exceso. Sin embargo, cuando al morir también su padre, víctima de una súbita dolencia, buscaron de nuevo amparo en la finca tres meses más tarde, lo que vieron al llegar les dejó sin habla. Cuando se abrazaron llorando, no sabían si era de pena o de alegría.

Al desvanecerse su aturdimiento inicial, fueron conscientes de que la relación de sus padres no era como ellos creían. Lo desmentía aquella otra rosa, tan roja
como blanca era la anterior. Sugerente como todo lo que roza el amor, misteriosa como todo lo que atañe a la muerte, cabeceaba en aquel rosal yermo movida por el viento marzal.

Madrid, España.

info@pilarsahagun.com

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies